Extracto del artículo que he publicado en la revista MUNDO EMPRESARIAL

Tan malo es un buen objetivo con un equipo inadecuado, como un gran equipo sin un objetivo motivador y que aporte valor.

¿Cuál es el objetivo de vuestra organización? ¿Qué montaña queréis escalar? ¿Sois un equipo de Tibidabo o de Everest?

Al definir el Plan Estratégico y los objetivos de una empresa, seguro que nadie se planeta la opción conformista y de poco valor añadido que supone, metafóricamente, optar por el Tibidabo (Montaña de 516 metros de altura situada en Barcelona). Y es muy probable que el equipo directivo opte por poner un objetivo más del tipo Everest para afrontar el futuro con ambición y confianza. Pero luego, pocas veces se actúa en consecuencia creando o desarrollando equipos alineados con la meta propuesta.

Si somos demasiado ambiciosos con los objetivos o los equipos no están preparados y comprometidos con los mismos, el fracaso está asegurado y además, se tendrá una organización estresada, desbordada, poco eficiente y vulnerable ante cualquier incidente. Y si somos poco ambiciosos, seguramente se alcanzará siempre el objetivo, aunque creando poco valor, compitiendo donde están todos y con un equipo acomodado no apto para personas con talento, y sin recorrido e interés a futuro.

Objetivo y equipo siempre van de la mano, y reflexionar bien en ese equilibrio siempre será la mejor inversión que puede realizar cualquier empresa.

 

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