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No podemos ir por el mundo siendo unos sabios en cultura y en tecnología y unos ignorantes en naturaleza y biodiversidad, pues en realidad es lo que somos y de lo que dependemos.

Somos la sociedad más educada de la historia en temas sociales, culturales, tecnológicos, etc, pero mayoritariamente somos unos analfabetos en temas de naturaleza… y estar tan alejados del mundo natural nos hace ignorantes en un factor clave para el presente y el futuro de los entornos naturales y de toda la humanidad.

Rebelémonos contra esta ignorancia y aprendamos más sobre nuestros ecosistemas. Así seremos más sabios, más felices, estaremos más conectados y nos comprometeremos más con la naturaleza… o sea, con nosotros mismos.

Extracto del artículo que he publicado en la revista MUNDO EMPRESARIAL

Tan malo es un buen objetivo con un equipo inadecuado, como un gran equipo sin un objetivo motivador y que aporte valor.

¿Cuál es el objetivo de vuestra organización? ¿Qué montaña queréis escalar? ¿Sois un equipo de Tibidabo o de Everest?

Al definir el Plan Estratégico y los objetivos de una empresa, seguro que nadie se planeta la opción conformista y de poco valor añadido que supone, metafóricamente, optar por el Tibidabo (Montaña de 516 metros de altura situada en Barcelona). Y es muy probable que el equipo directivo opte por poner un objetivo más del tipo Everest para afrontar el futuro con ambición y confianza. Pero luego, pocas veces se actúa en consecuencia creando o desarrollando equipos alineados con la meta propuesta.

Si somos demasiado ambiciosos con los objetivos o los equipos no están preparados y comprometidos con los mismos, el fracaso está asegurado y además, se tendrá una organización estresada, desbordada, poco eficiente y vulnerable ante cualquier incidente. Y si somos poco ambiciosos, seguramente se alcanzará siempre el objetivo, aunque creando poco valor, compitiendo donde están todos y con un equipo acomodado no apto para personas con talento, y sin recorrido e interés a futuro.

Objetivo y equipo siempre van de la mano, y reflexionar bien en ese equilibrio siempre será la mejor inversión que puede realizar cualquier empresa.

 

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Tenemos toda la información y somos plenamente conscientes de los grandes retos sociales y ambientales del mundo.  Pero nos quedamos en las proclamas, las buenas intenciones y el Marketing de compromiso.  Todo ello está muy bien, pero estamos a años luz de acercarnos a la acción real que se necesita para conseguir aquello que necesitamos y que proclamamos.

Hace años que vinculo todas mis actividades de Aventura y gran parte de mi comunicación a divulgar y conscienciar sobre temas de sostenibilidad (básicamente ambiental)… ¡y continuaré haciéndolo!

Pero cada vez tengo más claro que, sobre muchísimos temas claves para nuestra salud y la del planeta, tenemos muchísima información y muchísima consciencia, pero poquísimo compromiso y poquísima acción.

Igual que un fumador es consciente que el tabaco le perjudica enormemente, pero es incapaz de comprometerse con su bienestar y su salud presente y futura, nos pasa con muchos factores clave de la vida personal y de grandes retos sociales y ambientales.

Somos ya totalmente conscientes de la contaminación de nuestro aire, nuestros suelos, nuestros ríos y nuestros mares.

Somos ya totalmente conscientes de la escasez, finitud y peligros que supone el abuso de recursos.

Somos ya totalmente conscientes de la realidad y las enormes amenazas del Cambio Climático.

Etc, Etc, Etc…

Pero luego vivimos totalmente desconectados de nuestro compromiso en el día a día, y sin hacer cambios y acciones individuales reales.

La Consciencia no salvará ni el mundo ni tu salud personal… lo salvará la Acción Consciente... en tu trabajo, tu consumo, tu alimentación, tu voto, tus hobbies y tus hábitos diarios en general.

Si te amas, amas a tus conciudadanos y amas el planeta, haz pequeños o grandes cambios cada día…

¡Activa tu Consciencia!
¡PASA A LA ACCIÓN!

Extracto del artículo que he publicado en la revista MUNDO EMPRESARIAL (Enero 2020).

Para crear un mundo sostenible, precisamos líderes responsables que persigan sus objetivos en equilibrio con el interés común.

Antes de plantearnos cualquier proyecto deberíamos hacernos algunas preguntas clave. Por ejemplo: ¿Vale todo para conseguir nuestro propósito?, ¿Existen límites a la hora de perseguir los resultados? o ¿Qué es primero, el objetivo o las personas? Y también deberíamos preguntarnos que aportamos a la sociedad en positivo y en negativo, al trabajar por alcanzar nuestras metas.  Las respuestas a este tipo de preguntas determinarán la filosofía, los valores y la ética de nuestra organización y de los proyectos que lideramos.

El liderazgo responsable es aquel que persigue sus resultados con perseverancia, con pasión y con ambición, pero a la vez tiene en cuenta las consecuencias de ese proceso, y se compromete con el impacto social y ambiental que comporta.

Las organizaciones son agentes clave a la hora de gestionar el presente y construir el futuro, y si queremos un mundo sostenible necesitamos liderazgos responsables que se comprometan con ello.

 

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Extracto del artículo que he publicado en la revista MUNDO EMPRESARIAL (Junio 2019) 

 

El cambio, la innovación y la pasión por explorar el futuro deben formar parte del ADN de la compañía.

Cuando preparamos una nueva aventura a un lugar totalmente desconocido, incierto y complejo, nos enfrentamos siempre al reto clave de componer el equipo adecuado para afrontarla con las máximas garantías de éxito.

Y para ello, el mundo de la empresa se parece mucho más a una aventura que a una práctica puramente deportiva o competitiva.

Para crear equipos y estructuras eficientes en la gestión y en el liderazgo en un entorno híper cambiante e incierto, propongo mi “Regla de los tres tercios”:

  • Primer Tercio: Experiencia. Evidentemente es importante, pero está sobrevalorada en las empresas, y si domina excesivamente, distorsiona la organización, y crea estructuras ineficientes para cambiar, innovar y adaptarse al mundo radical que viene.
  • Segundo Tercio: Aprendizaje. Formación continua. Mentalidad auténtica de aprender y descubrir nuevas maneras de hacer las cosas.
  • Tercer Tercio: Aprendizaje y adaptación sobre la marcha. Esta es la capacidad más difícil de detectar y potenciar en los miembros de un equipo. Es la que más escasea en las organizaciones, y la que más marcará el éxito o el fracaso de nuestro proyecto.  La experiencia la podemos valorar hasta el punto que creamos oportuno, y contratar o promocionar ejecutivos de forma más o menos objetiva.  El aprendizaje continuo lo podemos organizar y detectar si tenemos un equipo realmente abierto a aprender y desaprender cosas.  Pero luego necesitamos que todo este equipo esté dispuesto a avanzar sin tenerlo todo controlado y sin disponer de todas las capacidades necesarias (porque todavía se desconocen), pero con el máximo compromiso y confianza en el proyecto.  Si esperamos a avanzar a que tengamos toda la ruta controlada y todas las capacidades preparadas, seguramente ya iremos tarde y otros nos habrán ganado la partida.

Debemos decidir si queremos una organización dominada por dinosaurios o por exploradores.

 

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