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  • En situaciones críticas tenemos que decidir y actuar BIEN y RÁPIDO.
  • Algunos factores que pueden marcar la diferencia: humildad, olvidar prejuicios, buscar buenas fuentes de información, no repetir errores y ser muy prácticos.

En situaciones críticas tenemos que decidir y actuar BIEN y RÁPIDO. Y conseguir hacer esas dos cosas a la vez no es tarea fácil. En ese punto habrá varios factores clave que pueden marcar la diferencia. La lista sería extensa, pero comento algunos que creo que son indispensables:

HUMILDAD: No pensar que sabemos mucho.

FUERA PREJUICIOS: Olvidarnos de lo que nos servía para otra situación o de las costumbres de antes. Ahora la realidad es distinta.

BUSCAR BUENAS FUENTES: Escuchar y aprender de los que saben, los expertos de verdad; y olvidarnos de influencers, famosillos, opinadores, políticos o salva patrias varios que hablan sin tener ni idea.

NO REPETIR ERRORES: Está bien aprender de los propios errores, pero a veces eso se paga muy caro; y si alguien ya ha fallado en un tema antes, es mucho mejor aprender de los errores de los demás.

SER PRÁCTICOS: No hace falta ser un experto del tema. No se trata de escribir un libro o hacer grandes discusiones sobre la materia que nos afecta.  Lo importante es gestionar la información necesaria para poder decidir con agilidad y acierto cosas muy importantes para superar la crisis, para nuestra salud y bienestar individual y colectivo, y para nuestros temas profesionales.

 

Como reaccionemos y decidamos actuar en esas situaciones es algo que va muy en serio y va a tener consecuencias importantes; no es un simulacro y afecta directamente a nuestra vida en un momento clave.

Extracto del artículo que he publicado en la revista MUNDO EMPRESARIAL

Tan malo es un buen objetivo con un equipo inadecuado, como un gran equipo sin un objetivo motivador y que aporte valor.

¿Cuál es el objetivo de vuestra organización? ¿Qué montaña queréis escalar? ¿Sois un equipo de Tibidabo o de Everest?

Al definir el Plan Estratégico y los objetivos de una empresa, seguro que nadie se planeta la opción conformista y de poco valor añadido que supone, metafóricamente, optar por el Tibidabo (Montaña de 516 metros de altura situada en Barcelona). Y es muy probable que el equipo directivo opte por poner un objetivo más del tipo Everest para afrontar el futuro con ambición y confianza. Pero luego, pocas veces se actúa en consecuencia creando o desarrollando equipos alineados con la meta propuesta.

Si somos demasiado ambiciosos con los objetivos o los equipos no están preparados y comprometidos con los mismos, el fracaso está asegurado y además, se tendrá una organización estresada, desbordada, poco eficiente y vulnerable ante cualquier incidente. Y si somos poco ambiciosos, seguramente se alcanzará siempre el objetivo, aunque creando poco valor, compitiendo donde están todos y con un equipo acomodado no apto para personas con talento, y sin recorrido e interés a futuro.

Objetivo y equipo siempre van de la mano, y reflexionar bien en ese equilibrio siempre será la mejor inversión que puede realizar cualquier empresa.

 

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Vivimos una realidad compleja e incierta, pero a la vez apasionante y repleta de oportunidades.

Oportunidad es la visión y posibilidad de conseguir algo provechoso para [email protected] [email protected] o para alguna otra persona o la sociedad o el planeta en general.

Y detectar, crear o encontrar una oportunidad depende básicamente de la suma de 3 cosas:

CIRCUNSTANCIAS + ACTITUD + ACCIÓN

 

1) CIRCUNSTANCIAS. Son las que son y, normalmente, poco podemos influir en ellas. Sean positivas, negativas o pésimas, siempre comportan un montón de oportunidades para quien quiera verlas y aprovecharlas

2) ACTITUD: Es esencial tener la mentalidad adecuada para querer “Ver” la posible oportunidad que se esconde para ti en cada realidad. Curiosidad, pensamiento positivo, enfoque de solución, posición luchadora, necesidad, compromiso, voluntad

3) ACCIÓN: Se vive de lo que hacemos, no de lo que potencialmente podemos hacer. Tener el coraje de activar la posible oportunidad, arriesgarse a un posible fracaso, saber dar el paso a pesar de todas las dudas y, en definitiva, estar en posición emprendedora y proactiva, serán al fin, las claves para que aflore cada oportunidad

Es muy fácil encontrar, aflorar o crear oportunidades si nos convertimos en sumadorxs de estos 3 factores, pero la fórmula tiene un secreto: cada persona debe asumir la responsabilidad… no se puede delegar en nadie. Y (desgraciadamente) ni la sociedad te lo facilitará, ni te lo enseñarán en la escuela.

Extracto del artículo que he publicado en la revista MUNDO EMPRESARIAL (Enero 2020).

Para crear un mundo sostenible, precisamos líderes responsables que persigan sus objetivos en equilibrio con el interés común.

Antes de plantearnos cualquier proyecto deberíamos hacernos algunas preguntas clave. Por ejemplo: ¿Vale todo para conseguir nuestro propósito?, ¿Existen límites a la hora de perseguir los resultados? o ¿Qué es primero, el objetivo o las personas? Y también deberíamos preguntarnos que aportamos a la sociedad en positivo y en negativo, al trabajar por alcanzar nuestras metas.  Las respuestas a este tipo de preguntas determinarán la filosofía, los valores y la ética de nuestra organización y de los proyectos que lideramos.

El liderazgo responsable es aquel que persigue sus resultados con perseverancia, con pasión y con ambición, pero a la vez tiene en cuenta las consecuencias de ese proceso, y se compromete con el impacto social y ambiental que comporta.

Las organizaciones son agentes clave a la hora de gestionar el presente y construir el futuro, y si queremos un mundo sostenible necesitamos liderazgos responsables que se comprometan con ello.

 

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Extracto del artículo que he publicado en la revista MUNDO EMPRESARIAL (Junio 2019) 

 

El cambio, la innovación y la pasión por explorar el futuro deben formar parte del ADN de la compañía.

Cuando preparamos una nueva aventura a un lugar totalmente desconocido, incierto y complejo, nos enfrentamos siempre al reto clave de componer el equipo adecuado para afrontarla con las máximas garantías de éxito.

Y para ello, el mundo de la empresa se parece mucho más a una aventura que a una práctica puramente deportiva o competitiva.

Para crear equipos y estructuras eficientes en la gestión y en el liderazgo en un entorno híper cambiante e incierto, propongo mi “Regla de los tres tercios”:

  • Primer Tercio: Experiencia. Evidentemente es importante, pero está sobrevalorada en las empresas, y si domina excesivamente, distorsiona la organización, y crea estructuras ineficientes para cambiar, innovar y adaptarse al mundo radical que viene.
  • Segundo Tercio: Aprendizaje. Formación continua. Mentalidad auténtica de aprender y descubrir nuevas maneras de hacer las cosas.
  • Tercer Tercio: Aprendizaje y adaptación sobre la marcha. Esta es la capacidad más difícil de detectar y potenciar en los miembros de un equipo. Es la que más escasea en las organizaciones, y la que más marcará el éxito o el fracaso de nuestro proyecto.  La experiencia la podemos valorar hasta el punto que creamos oportuno, y contratar o promocionar ejecutivos de forma más o menos objetiva.  El aprendizaje continuo lo podemos organizar y detectar si tenemos un equipo realmente abierto a aprender y desaprender cosas.  Pero luego necesitamos que todo este equipo esté dispuesto a avanzar sin tenerlo todo controlado y sin disponer de todas las capacidades necesarias (porque todavía se desconocen), pero con el máximo compromiso y confianza en el proyecto.  Si esperamos a avanzar a que tengamos toda la ruta controlada y todas las capacidades preparadas, seguramente ya iremos tarde y otros nos habrán ganado la partida.

Debemos decidir si queremos una organización dominada por dinosaurios o por exploradores.

 

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